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281.6 Mister Doctor. It's Strange.

Antes de continuar les advierto, por el Ojo de Agamotto, que lo siguiente tiene spoiler de la película y un arco argumental de los cómics (The Oath, de reciente impresión y venta en México y que les recomiendo leer).



Stephen Strange no fue un personaje que me interesara mucho en los cómics. Aunque aprecio sus apariciones en algunos eventos y equipos (como los Iluminati o World War Hulk) nunca pude leer su serie de forma continuada. Tuve la mala fortuna de que cada vez que abría un cómic de Doctor Strange siempre era una aventura en el mundo astral y/o peleaba contra Dormmamu o Nightmare. Esto terminó por exasperarme y en mucho tiempo no toqué ninguna historieta del doc.
Conozco su historia de origen, la cual es un clásico instantáneo para estándares de Marvel: un cirujano excelente pero arrogante que prefiere el reconocimiento monetario a la gratitud verdadera de sus pacientes se encuentra con la horma de sus zapatos cuando un accidente le deja los nervios de las manos destrozados. Se abandona a la bebida, pierde los pocos amigos y aliados que tiene y termina siendo un vagabundo. Un día escucha una plática entre dos personas donde nombran a un hombre santo que puede curar casos imposible en la olvidada Kamar-Taj y decide viajar al otro lado del mundo por un milagro. Conoce al Anciano, el sabio en cuestión, quien le dice que, si quiere, lo puede instruir en las artes místicas. Renuente al principio, Strange nota que uno de los discípulos del Anciano no es lo que aparenta y decide, por primera vez en mucho tiempo, ayudar de forma desinteresada a alguien.

Y así surge Doctor Strange, el Hechicero Supremo de Marvel.

Acabo de terminar de ver la película y aún trato de asimilar el porqué entró de inmediato a mis películas favoritas de superhéroes. Tal vez es la actuación de Benedict Cumberbatch como Stephen Strange, quien básicamente hace un reprise menos antipático que su genial Sherlock Holmes*. O tal vez el ritmo de la película que parece no interrumpirse. Incluso los momentos lentos están cargados de algún simbolismo** o efecto visual maravilloso. Tal vez sea la calidad del resto de las actuaciones, entre ellas Tilda Swinton, Rachel McAdams y Mads Mikkelsen.
O tal vez los momentos tontos protagonizados por la Capa de Levitación. O tal vez...

O tal vez que por primera vez me sentí totalmente identificado con un superhéroe. No porque yo sea un neurocirujano con memoria fotográfica y que habla con un perfecto acento inglés, si no por una frase dicha por el Doctor cuando al fin se da cuenta de la responsabilidad que tiene encima después de enfrentarse a los Fanáticos por primera vez: "Hice el Juramento de nunca hacer daño y acabo de matar a un hombre".
El Juramento Hipocrático. Primum non nocere. Lo primero es no hacer daño. La principal columna de la ética profesional del médico. 
El mismo Juramento que yo tomé hace años cuando recibí mi título de médico.

Ahí me di cuenta de un hecho curioso: Stephen Strange ya era una especie de superhéroe antes de ser hechicero. Era un neurocirujano excelente (y un médico pobre). Aunque en la película parece meramente interesado por la fama y su prestigio (y en el cómic por motivos monetarios) es en The Oath donde Nicodemus West dimensiona el alcance de Stephen como médico al defenderse de la acusación de un paciente rechazado: "¡por cada paciente que rechazó salvó la vida de otros diez!". Perder el uso de sus manos fue sólo el principio para convertirse en un verdadero Doctor.

Durante la película Strange cambia su punto de vista para aceptar las artes místicas como verdaderas y comienza con el mismo proceso por el cual se volvió médico. Leer durante horas y horas. Me encantó la escena donde su cuerpo está dormido mientras su proyección astral continúa estudiando. Es el único superhéroe que obtiene sus poderes mediante el estudio*** ¡en ambas ocasiones! En lo personal me parece un mensaje hermoso, reinvindicando el verdadero esfuerzo mental y académico, la disciplina y la curiosidad. Doctor Strange no es un peleador. Es alguien que busca la solución de los problemas que no se pueden resolver. Es alguien que busca encontrar una manera pacífica de resolver los conflictos. Es alguien que juramentó que la salud y la vida de sus pacientes será la primera de sus preocupaciones.

La clase de héroe a la que aspiro ser algún día. La clase de médico por la que estudio todos los días.

*Antipático porque así es el personaje, no por otra cosa.
** El lavado de manos, primero como cirujano, luego como paciente en recuperación, luego como aprendiz de hechicero, luego como médico y hechicero. Los relojes y el paso del tiempo y claro, el Ojo de Agamotto. Todo es cíclico.
***Se puede argumentar lo mismo con Tony Stark, pero el armamentista parece más inclinado a las soluciones directas y bélicas que a las soluciones más elaboradas (por no llamarlas elegantes de Strange), que son producto de su estudio.  

Si quieren darle una leída a The Oath, aquí.

200 ¡Porque yo soy bien malo!

Una de las pocas, poquísimas reglas que tengo en cualquier consultorio donde he trabajado es "Respeten mi horario". Y una de las cosas que más me molestan (hasta el grado de encabronarme) es que no respeten el horario establecido de la consulta. A bordo, mi horario para consultas se divide en tres bloques: de 11 a 13 horas, de 18 a 19 y de 23:30 a 01:30. Esto cubre los dos cambios principales de guardia (a las 12 y a medianoche) y uno de los menores. Y esto es sólo las consultas, que es una fracción de mi trabajo. De ahí tengo que acomodarme para hacer algunas revisiones en cocina, comedor, almacén, elaborar los reportes que tenga que elaborar, si toca comisaria revisar los insumos, si toca fumigar revisar las áreas a fumigar, dar las pláticas que toquen y claro, comer, ir al baño a realizar las diversas actividades que ahí se realicen y dormir.

Si pido que respeten mi horario es porque, de todas ésas cosas, son las tres últimas las que siempre se verán afectadas. Y me molesta que la gente no lo considere. Y hay un gran motivo: cuando eres el único médico cerca, te hablan a cualquier hora para atender una URGENCIA. Esto significa que te pueden levantar a las 4 de la mañana a suturar a alguien, o interrumpirte en la hora de la comida a acomodar un hombro dislocado, o cosas así. Y dependiendo del problema, son las horas que te pasarás atendiendo, estabilizando, preparando para viajar, viajando, haciendo papelería y demás cosas relacionadas, y de ahí a saber cuándo vas a volver a dormir, comer u orinar.

Y si hay algo que deben saber, es que cuando se trata de regañar a la gente, la gran parte de las veces estoy dispuesto a hacerlo. Lo que molesta, evidentemente, a la gente que recibe el regaño.

La última discusión fue con un tipo fue con un tipo de esos que todos conocemos: los que tratan e salir de todo hablando tonterías, los que buscan "ser cuate" de alguien para encajarse. De los que nunca acuden dentro del horario, pues porque los horarios no son para ellos. Ya alguna vez, en pleno cambio de guardia, me había pedido que le regalara alguna pastilla para el dolor de cabeza o alguna memez así y le había dicho que no.
En esta ocasión, a las 13:30 yo estaba esperando fuera del consultorio a que fuera el recamarero encargado de asearlo, para decirle algo de unos focos o algo así, y llegó este tipo "aprovechando pos que estaba allí" (es decir, si no me ve afuera, ni se acuerda de su gran dolencia). Entra al consultorio y empieza:

Tipo: "Fíjate médico, que traigo un dolor en la cabeza y en el cuello, ¿será grave?"
HCC: "¿Desde cuándo tienes el dolor?"
T: "Noooo, ya tiene varios meses, pero yo quiero saber si es grave o no." (Primer WTF)
HCC: "¿Cómo que varios meses?, ¿no has ido a que te revisen allá abajo?"
T: "No, pos la verdá no."
HCC: "¿Y porqué no has ido?"
T: "Pos porque no sé si es grave o no, ¿será que es grave?" (Segundo WTF)
HCC: "No sé, si tu no te has preocupado en todo éste tiempo, ¿cómo quieres que te trate?"
T: "Pero si yo no vengo por medicamento, yo vengo a que me digas qué tengo, si es grave pa' que me bajen" (Es decir, quería consulta completa, en horario de trabajo, "pos aprovechando, ¿no?", y de plano bajar antes de tiempo y que le paguen su incapacidad, argumentando que se lastimó en el trabajo o algo así)
HCC:"No, no, no, no, no. Pues no puedo, porque para empezar, no es hora de consulta, ven a las 6, si quieres"

Dicho esto me levanto y busco algún analgésico en el anaquel, para darle mientras daban las seis.

T:"¿Está enojado?"
Y si, estaba un poco molesto, pero le dije que no, porque no me han visto enojado de verdad.
T: "Ah, pues así es su carácter, ¿verdá?"
HCC: "Si, así soy yo"
T:"Pos a ver cuánto dura aquí..." (Y después de esta frase de "ay, el dotor es malo-nomequiereatender", dejé de buscar el medicamente y levanté la voz, y ya me había tardado).
HCC-"¿Es una amenaza?" (En éste momento se levanta y se dirige a la puerta con una rapidez que contradecía "su mucho dolor", pero eso sí, se fue murmurando algo que no entendí)
HCC: "Te hice una pregunta, ¿fue eso una amenaza?"
Se voltea, ya afuera del consultorio, y dice:
T: "Pos aquí nadie lo quiere, ya van varios que hemos hablado y esas contestaciones que da no son correctas, a usté le falta amabilidá".
En eso recordé que eran las 13:40, y yo llevaba casi 12 horas sin comer y que había dormido unas cuatro horas, y pues no iba a recibir una lección de "amabilidá" de alguien que se sale de su labor porque me ve fuera del consultorio y fuera de horario y "pos aprovechando, ¿no?"
-"¿En serio?, pues mire cuánto me importa"
Y le cerré la puerta en la cara.

Sé muy bien quiénes son los que están inconformes con mi trabajo a bordo: los que llegan fuera de horario por cosas que no son urgencias, los que, a sabiendas que determinado alimento les produce gastritis/alergia/diarrea lo comen y se molestan cuando no hay el medicamento que ellos quieren para controlar la gastritis/alergia/diarrea, los que me quieren decir cómo hacer mi trabajo, los que "se lesionan" en su guardia, se van a dormir doce horas y regresan diciendo que les duele mucho y que no pueden trabajar, los que se quieren incapacitar por todo, los que no saben (o no quieren entender, más bien) que el servicio médico abordo no es un hospital particular ni su clínica de control de enfermedades crónicas.

Cosa rara, todas éstas personas son las mismas cinco o seis de siempre, aquellas que los otros médicos ya me habían advertido, y las cuáles sus mismos compañeros trabajadores ya se saben las mañas y me advierten contra ellos.

Afortunadamente, parte de mis funciones no es hacer que la gente me quiera, y los que han recibido un buen servicio, a pesar de mi carácter, el regaño o lo que sea, me lo han dicho.

Pero es que yo soy bien malo.

198.8 Cómo mueren los médicos.

"No es como el resto de nosotros, pero debería serlo".

Hace unos días encontré este texto de Ken Murray, que vale la pena la leída.

A continuación pondré la introducción. Lo escrito en itálicas es el texto original, lo que está en negritas es una traducción.

Years ago, Charlie, a highly respected orthopedist and a mentor of mine, found a lump in his stomach. He had a surgeon explore the area, and the diagnosis was pancreatic cancer. This surgeon was one of the best in the country. He had even invented a new procedure for this exact cancer that could triple a patient’s five-year-survival odds—from 5 percent to 15 percent—albeit with a poor quality of life. Charlie was uninterested. He went home the next day, closed his practice, and never set foot in a hospital again. He focused on spending time with family and feeling as good as possible. Several months later, he died at home. He got no chemotherapy, radiation, or surgical treatment. Medicare didn’t spend much on him.

Hace años, Charlie, un altamente respetado ortopedista y mentor mío, encontró un nódulo en su estómago. Un cirujano exploró el área, y el diagnóstico fue de cáncer pancrático. Este cirujano era uno de los mejores en el país. Incluso había inventado un nuevo procedimiento para este tipo exacto de cáncer que podría triplicar la probabilidad de supervivencia de cinco años de un 5 al 15 porciento, sin tomar en cuenta una pobre calidad de vida. Charlie no estaba interesado. Fue a casa al siguiente día, cerró su consulta, y nunca volvió a poner un pie en el hospital. Se enfocó en pasar el tiempo con su familia y sintiéndose lo mejor posible. Algunos meses después, murió en casa. No recibió quimioterapia, radiación o tratamiento quirúrgico. Medicare no gastó mucho en él.

It’s not a frequent topic of discussion, but doctors die, too. And they don’t die like the rest of us. What’s unusual about them is not how much treatment they get compared to most Americans, but how little. For all the time they spend fending off the deaths of others, they tend to be fairly serene when faced with death themselves. They know exactly what is going to happen, they know the choices, and they generally have access to any sort of medical care they could want. But they go gently.

No es un tema frecuente de discusión, pero los médicos también mueren. Y no mueren como el resto de nosotros. Lo que es inusual en ellos no es el mucho tratamiento que reciben a comparación de la mayoría de los Americanos, si no lo poco. Por todo el tiempo que ellos pasan rechazando la muerte en otros, tienden a estar calmados cuando encaran la muerte ellos mismos. Ellos saben exactamente que va a pasar, ellos saben sus opciones y generalmente tienen acceso a cualquier tipo de cuidado médico que pudieran querer. Pero se van tranquilamente.

A grandes rasgos el texto explica la diferencia que suele verse entre las personas ajenas a la profesión que son atendidas, y lo que el médico busca para sí mismo.
El mantener viva a una persona "por todos los medios posibles" suele ser una carga, tanto para la familia que sufre viendo morir a su familiar, que sufre por la deuda siempre creciente del cuidado hospitalario, que desconoce las reacciones que están ocurriendo y que el médico no siempre explica o da todas las opciones; como para el médico, que agota una a una sus opciones antes el deseo de los familiares de que el paciente se cure, así sea esperando un milagro que rara vez ocurre. Obviamente el dilema moral es fuerte, y raya en los términos de "eutanasia pasiva" y "falta de ética". (Sin olvidar, claro, el tercer pie de éste problema: los asuntos legales, las demandas por mala praxis, los médicos que quieren exprimir hasta el último centavo del paciente, etc).

Sobre ésto último, Ken narra la historia de Jack, un paciente cuyo deseo expreso era no volver a estar conectado a máquinas de soporte, y que sufrió una evento vascular cerebral. Al llegar al hospital lo pusieron en la Unidad de Cuidados Intensivos, conectado a las máquinas que él no quería.

When I arrived at the hospital and took over Jack’s care, I spoke to his wife and to hospital staff, bringing in my office notes with his care preferences. Then I turned off the life support machines and sat with him. He died two hours later.

Cuando llegué al hospital y tomé el control sobre el cuidado de Jack, hablé con su esposa y personal del hospital, trayendo mis notas con sus preferencias sobre el cuidado. Entonces apagué la máquina de soport vital y me senté con él. Murió dos horas después.

Even with all his wishes documented, Jack hadn’t died as he’d hoped. The system had intervened. One of the nurses, I later found out, even reported my unplugging of Jack to the authorities as a possible homicide.

Aún con todos sus deseos documentados, Jack no tuvo la muerte que él esperaba. El sistema intervino. Una de las enfermeras, como me enteré después, incluso reportó que desconecté a Jack como posible homicidio.

Al final, nos relata la historia de su primo Torch, quien fue diagnosticado con cáncer de pulmón con metástasis a cerebro:

We spent the next eight months doing a bunch of things that he enjoyed, having fun together like we hadn’t had in decades. We went to Disneyland, his first time. We’d hang out at home. Torch was a sports nut, and he was very happy to watch sports and eat my cooking. He even gained a bit of weight, eating his favorite foods rather than hospital foods. He had no serious pain, and he remained high-spirited. One day, he didn’t wake up. He spent the next three days in a coma-like sleep and then died. The cost of his medical care for those eight months, for the one drug he was taking, was about $20.

Pasamos los siguientes ocho meses haciendo un montón de cosas que el disfrutó, divirtiéndonos juntos como no lo hacíamos en décadas. Fuimos a Disneylandia, por primera vez. Pasábamos el tiempo en casa. Torch estaba loco por los deportes, y era muy feliz viendo deportes y comiendo lo que le preparaba. Incluso subió un poco de peso, comiendo sus comidas favoritas en vez de comida de hospital. No tenía mucho dolor, y permaneció con el espíritu en alto. Un día, no despertó. Pasó los siguientes tres días en un sueño parecido al coma y murió. El costo de sus cuidados médicos por esos ocho meses, por el único medicamento que tomaba, fue de cerca de 20 dólares.

Torch was no doctor, but he knew he wanted a life of quality, not just quantity. Don’t most of us? If there is a state of the art of end-of-life care, it is this: death with dignity. As for me, my physician has my choices. They were easy to make, as they are for most physicians. There will be no heroics, and I will go gentle into that good night. Like my mentor Charlie. Like my cousin Torch. Like my fellow doctors.

Torch no era un médico, pero sabía que quería una vida de calidad, no sólo cantidad. ¿No queremos lo mismo la mayoría de nosotros? Si hay una declaración en el arte del cuidado del final de la vida, es ésta: muere con dignidad. En cuanto a mi, mi médico tiene mis opciones. Fueron fáciles de hacer, y lo son para la mayoría de los médicos. No habrá [tratamientos, acciones] heroicas, y yo entraré gentilmente en esa buena noche. Como mi mentor Charlie. Como mi primo Torch. Como mis queridos colegas.

189 He vuelto, pero por poco tiempo...para variar.

"A la mayoría de los médicos les pasa lo que a los timoneles: tampoco de éstos, cuando el mar está tranquilo, notamos si toman una falsa ruta, pero cuando sobreviene una tempestad y está claro que la nave se encuentra en malas aguas, entonces todos comprenden que su ignorancia y sus errores son la causa de la ruina. Así ocurre con los malos médicos. Cuando cuidan a enfermos que tienen leves males, en los que los mayores errores no pueden producir daños notables, sus errores no se manifiestan, pero cuando cuidan a un enfermo grave y peligroso, entonces es clara su inexperiencia del arte."
-Hipócrates

Resulta que el último caso fue una embolia cerebral. Fue diagnóstico diferencial en mi nota.

Reconocí los síntomas casi de inmediato por una razón bastante personal: fue el mismo padecimiento por el que eventualmente moriría mi abuela.
Aparentemente se encuentra estable, pero de unos días para acá no he sabido si hubo algún cambio significativo en su condición, y espero que las secuelas sean inexistentes, y si las hay, que sean menores.
No conocí personalmente a la persona, pero me dicen que era tranquilo, alegre y buen trabajador.

En contraparte, están los que desde que ponen un pie abordo quieren incapacitarte pero que no los bajen: seguir estando abordo para recibir dinero y no trabajar. Y los que llegan con padecimientos desde antes de embarcarse, como hernia abdominales o (éste es mi favorito por mucho) cuerpos extraños en ojos desde el día anterior a viajar para subir al barco, y se esperan porque abordo no se les cobra el servicio. (Y ahora si les molesta mucho y van fuera de hora de consulta, en combo, para variar).

Lo malo: dieciocho días abordo, uno viajando y menos de nueve para descansar. Luego, en teoría, catorce más, pero...

Nota aparte: Por fortuna no estuve conectado los días posteriores a la muerte de Amy Winehouse. La actitud hipócrita de santificar a los muertos. No, Amy no estará en el afamado "Club de los 27" por un motivo: el Club de los 27 es acerca de gente talentosa que muere a los 27 años. Amy sólo cumple con una de ésas dos condiciones.
Decir que Amy "terminó su vida luchando contra la adicción a las drogas" es de lo más hipócrita. Es como si dijeran de mi (cuando muera) que "pasé mi vida luchando contra la obesidad" mientras como todo lo que me pongo enfrente.

Pero bueno...

188.1 Urgencias reales.

Ayer fue mi primera urgencia real abordo de un barco. Una experiencia totalmente nueva, como cabría suponer.

Paciente semi-inconsciente, con herida en la cabeza, diabético, una pierna sin movilidad aparente, poco cooperador...en fin, una urgencia. ¿Qué atiendes primero?, ¿qué le administras?, recuerda que estás en tiempo extra y podrías no estar pensando las cosas de forma adecuada, ¿y si te equivocas?, ¿y si el helicóptero tarda en llegar y el paciente se descompensa?, ¿qué se te olvidó? (y esta es la pregunta más difícil), ¿qué se te olvidó?, ¿qué se te olvidó?


Espero que nada.


Hoy mi paciente amaneció en el hospital, en tierra. Aparentemente estable, pero sin cambios en condición neurológica.


Yo amanecí molido, con ésa sensación postguardia que sólo los masoquistas y los médicos aprendemos a disfrutar. Ahora viene la parte de mi trabajo que menos disfruto: papeles, reportes, papeles, notas, papeles.


Hoy atiendo a un paciente que desde el día que llegó (ayer) presenta, según él, un dolor incapacitante que no le permite trabajar. Ya me habían advertido contra personas así.


La nada sutil diferencia entre una urgencia real y lo que haría una persona para no trabajar.

188 Aclarando...

No, señores, ni el dolor de cabeza ni la gastritis son urgencias, bien pueden esperar una hora más.

186.1 Oftalmología a la de a huevo.

Todos tenemos materias favoritas y materias que odiamos. Los médicos, en particular, tenemos especialidades que amamos y especialidades que aborrecemos por distintas razones: mientras algunos aman la pediatría por el hecho de ayudar a los más pequeños, hay quienes la odian precisamente porque odian ver sufrir a los más pequeños.


¿Yo?, bueno, me encanta la Medicina Interna y la Infectología. No soy tan fan de la Neurología, Cardiología y alguna que otra más, y hasta el fondo, donde está la Oftalmología (el estudio de los ojos) bien plantada. ¿Porqué?, porque odio todo lo relacionado con insertar objetos, remover objetos o ver objetos cerca de un globo ocular. Dalí y Buñuel se ríen de mí en el más allá cada vez que alguien hace referencia a la mítica escena de la navaja de afeitar en el ojo de "El perro andaluz".


Hace unos años fuí sometido a cirugía láser para corrección de miopía. Tuve el cuidado de no ver fotografías ni estudios ni nada parecido de dicha operación. Cuando me insertaron los separadores dentro de los párpados, estuve a punto de salir corriendo. A la fecha, si me ofrecieran cualquier cosa por volverme a someter a una cirugía así lo negaría ferviertemente. He visto videos, y no dejo de sentirme ligeramente mareado de recordar que yo estuve ahí, debajo del láser, con las córneas rebanadas.


Uno de los padecimientos más comunes en barcos de éste tipo es, muy lamentablemente, los cuerpos extraños en ojos. Los soldadores, tuberos, gente de máquinas que trabaja en torno y uno que otro que nada más caminó por el lugar equivocado en el momento equivocado vienen con rebabas o astillas que deben ser removidas. Ahí es donde entro yo.


La curiosa empatía de hacer una de mis actividades médicas menos favoritas (junto con sacar uñas enterradas y desimpactar pacientes) provoca que yo sufra más que mis pacientes mientras estoy realizando el procedimiento. Por suerte, hasta ahora no hemos tenido complicaciones y espero sigamos así.


Alabadas sean esas situaciones donde a la de a fuerzas debes realizar algo que constituye un miedo o desafío. Supongo es el primer paso para vencerlo y para mejorar personalmente.

184: Un Viaje de Ida y de Regreso al Caribe - Primera Parte

Saludos a todos, al fin estoy de vuelta.

Los que me siguen por las redes sociales saben más o menos la razón de mi prolongada ausencia. Los que no, a continuación tendrá una breve explicación de qué fue lo que me mantuvo tan alejado del internet y del tiempo para escribir para no actualizar éste espacio en más de 2 meses.

Como sabrán, trabajo en un barco, contratistas de PEMEX para los diferentes ramos de construcción y mantenimiento, sobre todo en área de plataformas. Pues bien, el contrato más reciente fue la oportunidad de viajar a Curazao, pequeña isla y protectorado holandés en el Caribe. La misión era la colocación de 8 propulsores a la plataforma Bicentenario, que había sido remolcada desde el Pacífico asiático hasta la isla caribeña y se encontraba ahí para la colocación de dichos propulsores que significarían movilidad propia.

Lamentable y afortunadamente llegué hoy en la mañana, después de dos meses y una semana de estar fuera, y estoy algo cansado. Ésta entrada era sólo para informar que retomaré actividades (aunque será por dos semanas o menos, que tengo de descanso) y que conforme vaya avanzando escribiré lo que aconteció en éste Viaje de Ida y de Regreso.

Es bueno estar de regreso. Es bueno volver a pulsar éstas teclas. Es bueno volver a darle click a "Publicar Entrada", después de tanto tiempo.

¡Excélsior!

181.4 Que no soy apto para donar sangre...

...por mis venas, según me dijeron hoy en el IMSS.

Un médico, buen amigo y gran maestro, oncólogo pediatra, tiene a su hermana internada y requiere donadores de sangre. Según he revisado en su Facebook, a la gran mayoría nos han bateado por diferentes motivos, desde ser médico (el cual si es un impedimento, ya que se considera trabajo de alto riesgo) hasta tener dermatitis atópica (lo cual es una estupidez, ya que no es contagiosa ni nada por el estilo) pasando por no poseer la credencial del IFE como credencial personal (ésta se la aplicaron al mismísimo médico, a pesar de presentar la cédula que lo acredita como pediatra).

Pero el premio indiscutible me lo gané yo (¡hurra!): Fui con Zabdy con la solicitud de donadores al CMN en Cuauhtémoc cumpliendo con todos los requisitos (claro, obviando el hecho de que soy médico, pero uno siempre puede usar un tecnicismo para salir del paso diciendo que estudió una licenciatura, lo cual no es mentira), y lo mejor de todo es que tenía ánimos de donar. Me llaman, amarran el brazo y me tratan de tomar la muestra. No obstante de clavar la aguja, la mueven dentro de mi brazo sin lograr obtener ni una sola gota de sangre (lo cual no es de preocuparse, dado mi factor de curación mutante). Al no poder tomar la muestra (para los análisis preliminares, me faltó decir) la química que me estaba tomando la muestra me salió con un "es que tus venas no son aptas para donar".

Si, así de huevos.

Consideraría cierta la posibilidad si yo ya estuviera en pleno proceso y los tubos se taparan o no entrara el trócar; pero que me lo digan así mientras me toman muestras preliminares sin haberlas podido obtener me suena a salida fácil. Pero le quiero dar el beneficio de la duda a la química que me iba a tomar las muestras: a lo mejor, y por experiencia, si puede diferenciar cuáles venas "sirven" y cuáles no, aunque en mi vida profesional yo nunca había escuchado tal frase como pretexto.

La molestia no es por eso, sino por esto: México no tiene cultura de donación de sangre. Si piden donadores con urgencia es por algo y los bancos de sangre siempre van a tener déficit. No siento justo que no permitan que un donador en un buen estado (relativo) de salud no pueda donar por algo así.

Pues eso, ésa es mi queja.

Ahora va la solicitud: si viven en Veracruz y se sienten con ánimos de ayudar a alguien ésta Navidad, contáctense conmigo para pasarle los datos de la persona que requiere la sangre. Puede ser cualquier tipo de sangre. Los requisitos básicos es ser mayor de edad, pesar más de 55 kilos, no tener enfermedades, no tomar medicamentos, ir en ayunas y tener deseos de ayudar a alguien que lo necesita. Mujeres: no pueden ir embarazadas o menstruando.

La solicitud se las hago personalmente. El médico del que hablo tiene una de las especialidades más difíciles y desgastantes que puede haber (trata niños con cáncer), además, es un buen maestro de Pediatría y ama la Medicina. Desafortunadamente yo no puedo hacer nada por él más que desearle lo mejor para su familia y que todo salga bien. Pero si alguien puede hacerme el paro donando sangre, me sentiré sumamente agradecido y les deberé una.

177.8 La homeopatía, ¡ah, qué buena medicina!

Como si la homeopatía no fuera suficiente broma en sí misma, me entero gracias a Mauricio-José Schwarz en su blog El Retorno de los Charlatanes que los reconocidísimos Laboratorios Moron...este...Boiron ponen al alcance de cualquiera con el mínimo de inglés y materia gris un completísimo curso de 16 minutos sobre el ABC de la homeopatía.



No sirvió para nada pasar 7 años para titularme de médico, si con 20 minutos, internet y una impresora a color sacaba mi rimbombante título de Especialista en Homeopatía.

Así que ya saben, si quieren ser reconocidos y respetados homeópatas, tomen su curso online y a cazar incautos.

Disclaimer: Decirme que no sé nada de homeopatía, o de cómo funciona, o porqué funciona, no sirve de nada. Sólo miren el diploma arriba.

176.5 Mis términos médicos favoritos

Todos sabemos que "Telescopio" = tele - lejos -- scopein - ver. "Microscopio" = micros - pequeño -- scopein - ver. "Otoscopio" = otos - oído -- scopein - ver. "Oftalmoscopio" = oftalmos - ojos -- scopein - ver.
Las palabras de arriba se refieren a instrumentos que sirven para ver cosas lejadas, demasiado pequeñas, revisar los oídos y revisar los ojos. Entonces, ¿porqué se le llama "estetoscopio" (estetos - pecho/tórax -- scopein -ver) a un instrumento que sirve para escuchar el tórax?

Tomo la bonita y completa explicación de Fernando A. Navarro que aparece en dicciomed.es, que a su vez fue tomado de la revista médica online Panace@, a quiénes les corresponden todos los reconcocimientos:

"El invento del estetoscopio ha adquirido, con toda justificación, carácter mítico en la historia de la medicina. Tenemos, además, la suerte de contar con el relato de un testigo de excepción: su propio inventor, el bretón René Téophile Hyacinthe Laennec (1781-1826), figura máxima del grupo parisino de la Charité.

Existían en su época, para explorar el ritmo cardíaco, dos métodos fundamentales: la palpación y la llamada «auscultación inmediata», por aplicación directa de la oreja a la región precordial del enfermo. El párrafo que reproduzco a continuación nos retrotrae a una época de pudores y roces turbadores, que no volverá. En él, Laennec narra cómo –puesto en la tesitura de tener que diagnosticar una dolencia cardíaca en una enferma tan obesa que la palpación no permitía percibir con nitidez el corazón, y tan joven que el decoro tampoco permitía al joven médico apoyar su oreja sobre el erotizado pecho femenino– se le ocurrió la idea genial de la «auscultación mediata»:

«Je fus consulté, en 1816, pour une jeune personne qui présentait les symptômes généraux de maladie du coeur, et chez laquelle l’application de la main et la percussion donnaient peu de résultat à raison de l’embonpoint. L’âge et le sexe de la malade m’interdisant [d’appliquer l’oreille sur la region précordiale], je vins à me rappeler un phénomene d’acoustique fort connu: si l’on applique l’oreille à l’extrémité d’une poutre, on entend très distinctement un coup d’épingle donné à l’autre bout. J’imaginai que l’on pouvait peut-être tirer parti, dans le cas dont il s’agissait, de cette propriété des corps. Je pris un cahier de papier, j’en formai un rouleau fortement serré dont j’appliquai une extrémité sur la région précordiale, et posant l’oreille à l’autre bout, je fus aussi surpris que satisfait d’entendre les battements du coeur d’une manière beaucoup plus nette et plus distincte que je ne l’avais jamais fait para l’application immédiate de l’oreille.»

Laennec RTH. Traité de l’auscultation médiate et des maladies des poumons et du coeur París: Brosson & Chaudé, 1819."

[Añadimos al comentario de F. Navarro una traducción: En 1816 se me consultó en relación a una joven que presentaba síntomas generales de enfermedad del corazón, en la que la aplicación de la mano y la percusión obtenían pocos resultados por ser rolliza. La edad y el sexo de la enferma me impedían [aplicar el oído sobre la región precordial], se me ocurrió recordar un fenómeno de acústica muy conocido: si se aplica el oído en el extremo de una viga se escucha con mucha nitidez el golpe de un alfiler en el otro extremo. Imaginé que se podía quizá aprovechar en el caso que nos ocupaba esta propiedad de los cuerpos. Cogí un cuaderno, hice un rollo muy apretado cuyo extremo apliqué en la región precordial, apoyando la oreja en el otro extremo; quedé muy sorprendido y satisfecho de escuchar los latidos del corazón con una nitidez y claridad mucho mayores a como nunca los había escuchado aplicando directamente el oído.]

El comentario de Fernando Navarro continúa en el siguiente número de Panace@, Vol. 3, nº 8, Junio de 2002, p. 64, y puede leerse en este enlace.

"En el último número de Panace@ (vol. 3, n.º 7, pág. 89) vimos ya de qué curiosa manera inventó Laennec el estetoscopio con un rollo de papel, poco después sustituido por un cilindro de madera. Para dar nombre a este instrumento, que con el tiempo ha llegado a convertirse en el símbolo por antonomasia de los internistas, como el bisturí lo es de los cirujanos, los médicos de la época usaron primero vocablos como «sonómetro», «pectoriloquio» o «toraciloquio», antes de que el propio Laennec se decidiera finalmente por «estetoscopio» (del griego stêthos, 'pecho', y skopeîn, 'ver'), por considerar que permitía «ver» las lesiones torácicas ocultas a los ojos del clínico:

«Je n’avais pas cru d’abord nécessaire de donner un nom à un instrument aussi simple; d’autres en ont jugé autrement, et je l’ai entendu désigner sous divers noms, tous impropres et quelquefois barbares, et, entre autres, sous ceux de sonomètre, pectoriloque, pectoriloquie, thoraciloque, cornet médical, etc. Je lui ai donné, en conséquence, le nom de stéthoscope, qui me paraît exprimer le mieux son principal usage.»

Laennec RTH. Traité de l’auscultation médiate et des maladies des poumons et du coeur. París: Brosson & Chaudé, 1819.

[Añadimos una traducción al texto de F. Navarro: No creí al principio necesario dar nombre a un instrumento tan simple; otros tuvieron otro criterio y he oído nombrarlo con diversos nombres, todos impropios y, a veces, bárbaros; entre otros, sonómetro, pectoriloco, pectoriloquio, toraciloquio, trompetilla médica, etc. Por consiguiente, le he dado el nombre de estetoscopio que creo que es el que expresa mejor su utilidad principal.]

El nombre propuesto por Laennec, «estetoscopio», tiene, no obstante, dos grandes inconvenientes. Aunque en un principio se usó exclusivamente para explorar el tórax, hoy es frecuente su uso para auscultar los sonidos abdominales, por ejemplo, o para auscultar los tonos arteriales en el pliegue del codo al medir la tensión arterial con un esfigmomanómetro; hace ya tiempo, pues, que no tiene sentido recurrir al griego stêthos para darle nombre. Y menos aún lo tiene el recurrir al griego skopeîn; Laennec no podía saberlo, pero el desarrollo posterior de la endoscopia hizo realidad en medicina la aplicación de auténticos «estetoscopios» en el sentido literal de esta palabra; es decir, aparatos que, como los broncoscopios, los toracoscopios o los esofagoscopios, nos permiten visualizar el interior del tórax.

No es de extrañar, pues, que en español el nombre de «estetoscopio» se impusiera únicamente para el estetoscopio de madera de Laennec, que hoy ya sólo se usa en obstetricia. Para designar los modernos aparatos biauriculares y dotados de membrana amplificadora, los médicos españoles dan preferencia — cuando no traducen del inglés o del francés— al término «fonendoscopio» (del griego phonē, 'voz, sonido', éndon, 'dentro', y skopeîn, 'ver', 'examinar'), mucho más apropiado para referirnos a un aparato que se sirve de los sonidos para «ver» (en sentido metafórico) lo que ocurre en muchos lugares ocultos del cuerpo, y no sólo en el tórax."

En México llamamos 'estetoscopio' precisamente a lo que los médicos españoles llaman 'fonendoscopio', mientras que al estetoscopio obstétrico lo denominamos así o 'estetoscopio de Pinard'.

173.8 Médico, como segundo oficio

Unas de las gratas sorpresas de la materia de "Historia y Filosofía de la Medicina" solía ser el encontrar referencias a grandes personajes que habían sido, además del papel por el cual eran reconocidos, médicos. Los más eran los escritores. Literatura y Medicina van de la mano, si bien, como decía Antoj Chejov, una era la esposa y otra la amante, y así había que tratarlas.
Pongo una breve selección de grandes personajes que en sus biografías aparecen las honorables palabras "y además fue médico / y estudió medicina en la Facultad de..." con el afán de darles el reconocimiento merecido y solicitarles a ustedes que, por medio de los comentarios, aumenten la cantidad de "médicos desconocidos" de gran importancia histórica.

Empezaré por los que más se me facilitan: los médicos-escritores.

Sir Arthur Conan Doyle: La gente tiene la idea (errónea) de que Sherlock Holmes es una especie de idealización de sí mismo. La verdad es que Sherlock Holmes está inspirado en el doctor Joseph Bell, quien de una sola ojeada al paciente era capaz de deducir detalles particulares. Sin embargo, A.C.D si forma parte de sus novelas: es el Dr. John Watson. Ambos fueron médicos navales, si bien el escritor decidió ser oftalmólogo.
Dice en su biografía que "obtuve el tiempo de escribir sus novelas porque nadie entraba a mi clínica".

Manuel Acuña: La breve vida de Acuña terminó con su apenas iniciada carrera de Medicina. Célebre por el famoso "Nocturno" dedicado a Rosario, la cual es presumiblemente, la causante del suicidio de la joven.

Mariano Azuela: El autor de la gran novela revolucionaria "Los de Abajo" fue médico antes de dedicarse a su extensa y fructífera carrera como escritor y crítico literario.

John William Polidori: Escritor británico, autor de "El Vampiro". Muy amigo de Shelley y su esposa Mary, estuvo presente en la mítica velada donde ésta última escribiría Frankenstein.

Dante Alighieri: Hay que establecer que el autor de la "Divina Comedia" fue médico sólo de nombre y por conveniencia política. En una época dónde se tenía que estar afiliado a un sindicato para poder ejercer presión social, Dante eligió la de los médicos, sin embargo, no consta que haya ejercido de alguna manera.

Nicolás Copérnico: Astrónomo y matemático polaco, desarrolló la teoría de un Sistema Heliocéntrico, fue además, jurista, gobernador y administrador.

Dustin "Rainman" Hoffman: antes de dedicarse a ser actor, estudió la carrera de Medicina durante dos años en el Santa Mónica City College. Se dice que dejó la carrera por sus malas notas.

Ernesto "Che" Guevara: Estudió Medicina en la Facultad de la Universidad de Buenos Aires, graduándose el 11 de abril de 1953. Siendo asmático, incluso trabajó en una clínica especializada en alergias.

Salvador Allende: Político socialista y pilar de la historia de Chile, fue ministro de Salubridad, diputado, senador y primer presidente marxista en ser electo democráticamente.

Evidentemente, Robin Cook en su calidad de Médico y escritor de novelas donde médicos son los protagonistas, queda sobreentendido que esté aquí. Sim embargo, otros escritores de novelas médicas como Patricia Cornwell y Noah Gordon no estudiaron la carrera.

Lamentablemente, no recuerdo algún otro por el momento. Me gustaría que si recuerdan o saben de algún otro médico famoso por no praticar la medicina me lo hicieran saber en los comentarios.

La contribución de Aldebarán Toledo [el electrógrafo]:

- Freud fue médico y un magnífico escritor (ganó el Premio Goethe y estuvo nominado para el Nobel de literatura, que no ganó porque estaba "más enfermo que sus pacientes", según el comité).
- André Breton estudió medicina y psiquiatría. El contacto con el psicoanálisis lo llevó luego a debrayar con el surrealismo.
- Jaime Sabines estudió un rato medicina y luego abandonó para estudiar filosofía (luego fue vendedor de telas y distribuidor de comida para animales).
- Otro poeta mexicano (no muy bueno, según mi gusto) fue médico: Elías Nandino.

La contribución de William Saints [Esquemas Piramidales]:

-Ozamu Tesuka, el padre del manga también fue médico aunque nunca practicó la medicina. No por nada la serie de Black Jack, mi personaje favorito de entre los suyos, despliega una serie de conocimientos y dominio total sobre la anatomía humana y la medicina en general.

Éste post (y todo mi blog) se engalana con la participación de Becky Santoyo, cinéfila, blogger y una de los encargados de la publicación de Hipertextual dedicada al séptimo arte [extracine]. Además, cualquier persona recomendada por Pepe Flores es recomendación absoluta en éste blog.

-Mijail Bulgakov comenzó a escribir al mismo tiempo que inicia su práctica médica, justo después de graduarse de la Universidad de Kiev en 1918. Al año siguiente fue reclutado por por el Ejército Rojo como médico militar pero hace todo lo posible por ingresar a la Cruz Roja. En 1921, Bulgakov se muda a Moscú donde traba como columnista de periódicos («Гудок», «Рабочий») y revistas («Медицинский работник», «Россия», «Возрождение»). De 1922 a 1926 publica más de 120 cuentos, ensayos y artículos. Su incursión en el teatro la realiza en 1926 con la obra, «Дни Турбиных». Su obra más representativa es «Мастер и Маргарита», publicada treinta años después de su muerte.

172.14 No, los refrescos no te hacen engordar. (UpDated)

O por lo menos esto es lo que demuestra un estudio de la Universidad de Minesota, donde se incluyeron a 2000 adolescentes quienes consumen cantidades moderadas de refrescos y jugos azucarados.

Curiosamente, según el mismo estudio, si se encontró una relación (significativa, pero no concluyente) entre el aumento de peso y el consumo de bebidas light.

Esto es lo primero que muestra el estudio titulado: "Hábitos de bebida en adolescentes y cambios en el peso con el paso del tiempo". Lo segundo que mostró el estudio está más relacionado al título de éste post: se cree que el consumo de refresco provoca el aumento de peso. Y se seguirá creyendo. Durante muchos años los estudios demostraban que el consumo de refresco produccía aumento de peso. ¿De qué se trata, pues, que ahora se diga lo contrario? De falta de rigor científico, objetividad y compromiso.
Durante mucho tiempo todo estudia que atacara a los alimentos chatarra y bebidas embotelladas tenía mayor posibilidad de ser publicado.

Ahora, al fin, un estudio demuestra lo contrario. Faltan más, claro, para constatar que no ocurra solamente en la población norteamericana, evitar sesgos, variables desconocidas y verificar lo observado.
El problema es que la marea no cambiará de dirección en los estratos poco acostumbrados a leer estudios: las madres de familia y sobre todo, las autoridades. Ahora, con el surgimiento de la llamada "Ley Antiobesidad", las bebidas embotelladas fueron vueltas a señalar como uno de los grandes males de la humanidad en relación a la obesidad.
Digo, no defiendo a las embotelladoras, pero tampoco las ataco sin fundamento.

Las causas de obesidad son, y siempre han sido, las mismas: alimentación deficiente y falta de ejercicio. Un sólo factor, como los refrescos, no pueden condenarse. Lo que se puede condenar son los hábitos dietéticos en general y el sedentarismo. Acorde a ésto, el The New England Journal of Medicine propone gravar productos considerados dañinos. Supongo podrán hablar con el Congreso de la Unión para ponerse de acuerdo con la Ley Antiobesidad, ahora si, con un trasfondo científico. O no.

Tomo la nota de NoticiasMédicas.es.

Actualización: Tomando en cuenta el comentario de Luis Fernando, busqué más sobre el dichoso estudio. Fue publicado por The American Journal of Clinical Nutrition. Quien dirigió el estudio fue el Dr. Mark Pereira de la Universidad de Minesota.

Para el estudio se consideró el consumo no sólo de refrescos, si no de otras bebidas como jugo y leche en 2294 adolescentes de una población multiétnica, a través de cinco años.

Dicho estudio tiene, al parecer, dos grandes fallos que podrían poner en duda su veracidad: no es un estudio al doble ciego y el método para medir la ganancia de peso fue utilizar el IMC. El IMC no lo considero adecuado para medir el peso en adolescentes, ya que estos están en continuo crecimiento y mide en general un rango de sobrepaeo, obesidad, peso normal y/o desnutrición de acuerdo a la relación peso/estatura sin establecer el aumento en kilogramos en si.

Y lo más importante. No mencionan la cantidad de refresco que se bebe al día. Algunos detractores informan de casos donde el aumento de peso inicia con más de tres latas al día. Otros se van hasta las 6 o 7. Supongo que ahora el paso sería establecer mediante estudios más cuantitativos y controlados las cantidades y el tipo de azúcar utilizado en los refrescos, así como las cantidades recomendadas.

Por lo pronto, nadie me quita mi lata de Coca-Cola como piedra angular de mi comida. Ni siquiera tu, Feco.

172.2 Algunas consideraciones acerca de la ciencia, el arte y el oficio de la Medicina (2)

Cuando vemos un programa gringo basado en Medicina (desde dramas, comedias y programas serios como los del Discovery) nos sorprendemos de la cantidad de estudios de laboratorio y gabinete que le solicitan: para todo piden TAC, pruebas cruzadas, PCR, valoraciones por decenas de especialidades y ya tienen listo hasta el quirófano y un cirujano para operar, dependiendo del diagnóstico.

Cuando llegamos a un consultorio del IMSS, o del ISSSTE, o de SSA, nos sorprendemos porque el médico sólo nos hace unas preguntas, nos ausculta tantito, nos manda una prueba de sangre, una de orina, con un poquito de buena suerte nos manda a hacer una placa de rayor X y con muchísima suerte un ultrasonido y aún así nos da un diagnóstico presuntivo. ¿Dónde está la tecnología?, ¿dónde están las tomografías con doble contraste?, ¿las endoscopias?, ¿los ecocardiogramas doppler?, ¿las pruebas virales, los CA 125, 19.9, AFP y HGC?

¿Cómo se atreve el médico a dar un diagnóstico sin tener una confirmación basada en las nuevas tecnologías y estudios de laboratorio y gabinete?
El diagnóstico presuntivo (lejos de ser el diagnóstico definitivo) es aquél que realiza el médico a partir de la base del diagnóstico: la llamada clínica médica, es decir, el interrogatorio y la exploración física; los cuales nos ayudan para determinar signo y síntomas en el paciente, y por consiguiente, realizar el diagnóstico.

Ahora, bien, punto importante: ¿cuánto tiempo creen que es el ideal para realizar un interrogatorio concienzudo y una exploración adecuada? Considerando que el interrogatorio cubre todos los antecedentes del pacientes (desde dónde nació, todas las enfermedades, enfermedades de los padres, factores de riesgo, situación laboral, situación domiciliaria, condiciones generales, alimentación, hábitos, y muchos más tópicos) para después iniciar el interrogatorio por aparatos y sistemas (donde se buscan síntomas específicos, preguntando por cosas tan..."triviales"...como deposiciones de excretas, náuseas, dolores diversos, sensaciones extrañas y demás) y que la exploración se debe llevar un orden riguroso cubriendo cada una de las partes del cuerpo, desde la implantación del cabello hasta la situación de las uñas de los pies, además de realizar diversas maniobras y observar al paciente en posturas forzadas.
¿Media hora, ¿cuarenta y cinco minutos?, ¿una hora?

Digo esto para aclarar que, de inicio, los médicos de los hospitales institucionales tienen las famosísimas consultas de 15 minutos, debido a la gran cantidad de pacientes que manejan.

¿Qué no ésto, sumado a la falta del uso de la nueva tecnología, ocasionan una cantidad mayor de malos diagnósticos?
No necesariamente.

De nuevo: la base del diagnóstico no son los estudios, si no el interrogatorio y la exploración. El médico debe ser capaz de encontrar las pistas que lo lleven a identificar la enfermedad en el mismo paciente. Siendo Pasante, más de una vez me encontré con algún padecimiento "fácilmente diagnosticable" por laboratorio y gabinete. Estando metido en una UMR no contaba ni con una triste biometría hemática. Ahí es cuando la clínica hace la diferencia.

Si vas a mandar a un paciente a ser tratado en un hospital, mínimo tu hoja de referencia debe llevar la exploración y los datos más importantes del interrogatorio, así como un diagnóstico de referencia. Una detallada hoja de referencia, con buenos interrogatorio y exploración, le ahorran al próximo tratante minutos que podrían ser valiosos.

Ok, en las UMR en Rancho Perdido no existen los "adelantos tecnológicos", pero en los hospitales en la ciudad si. ¿Porqué no me hacen una tomografía cada vez que entro al IMSS como en Grey´s Anatomy?
Principalmente, por los costos. Los equipos son carísimos. Y adivinen: no hay presupuesto. No es precisamente que los contribuyentes paguen una bicoca en impuestos, pero tampoco pagan una millonada comparada con el volumen de población que atienden los hospitales institucionales. El equipo, el mantenimiento, los cursos de capacitación, todo eso cuesta su buen dinero. Cada tomografía tiene un costo elevado. Cada placa de rayos X tiene su costo. Cada caja de medicamento, cada jeringa, cada torunda con alcohol tiene un costo. Si el presupuesto no da para contratar más médicos, mucho menos para usar indiscriminadamente al laboratorio y radiología.
A esto debe sumarse una pequeña plaga de la cual dolecen los hospitales: los "recomendados" y los hipocondríacos agresivos. Los recomendados son aquéllos pacientes que, sin ser necesariamente derechohabientes, hay que tratarlos como VIP por orden superior. Recomendados por el Gobernador, el Director del hospital, algún diputado o presidente municipal (muchas veces sin que éstos estén siquiera enterados, al parecer), convierten una institución pública, como el IMSS, en un hospital privado, donde merecen médico adjunto las 24 horas y tienen privilegios. No me digan que éso no pasa, estuve ahí. Posiblemente, ustedes también estuvieron ahí. Los hipocondríacos agresivos con los que exigen tratamientos y exámenes extraordinarios, bajo amenaza de levantar demandas al por mayor. Para evitar mayores probleas (y esto es algo que nunca he entendido) prefieren darle por su lado que mandarlo a freír espárragos. Ambas clases suelen solicitar y se les suele otorgar estudios adicionales, costosos, que no entran en el presupuesto y que le quitan el lugar a alguien menos afortunado. Grave manejo en nuestros hospitales.

Además, de nuevo, hay que saber justificar médicamente cada estudio que se realiza. No existe, o no debería existir el "le voy a hacer una tomografía de cuerpo entero para ver qué sale". Eso no es medicina, eso es charlatanería. Es como entrar a un hospital por dolor de estómago y que lo primero que te digan es "te vamos a abrir, a ver qué encontramos". Las Normas Oficiales Mexicanas son algo especiales en éste aspecto, ya que, desperdigadas entre otras recomendaciones y directrices, se establece el cuándo y cuándo no se realiza algún estudio, además de cuáles estudios son obligatorios y cuáles son innecesarios.

Otro contra: el daño que cada estudio hace en el paciente. Los rayos X y las tomografías exponen al paciente a radiación (dosis bajas, si, pero radiación al final de cuentas). Los estudios de sangre a extracciones con las correspondientes tomas. Hasta una toma de orina en paciente hospitalizado podría requerir la colocación de una sonda vesical, que a su vez ocasiona traumatismo en uretra. Hay que estar consciente que cada estudio, por inocuo que parezca, ocasiona molestias al paciente. Cuando son justificados, ni modo, es por su bien, pero ¿cuando no?

Concuerdo que las nuevas tecnologías y los nuevos avances son necesarios, y se deberían de incorporar a la realidad hospitalaria. Nos estamos quedando atrasados respecto a este punto. Por otro lado, dada la carencia en la atención, que no todos los mexicanos tienen derecho a la salud, que los costos de estudios son caros y demás factores, nos debemos considerar afortunados al tener médicos (no todos, claro) que tienen una excelente formación clínica. Por mucho prefiero un médico con una buena preparación y un buen estetoscopio a que me tomen una placa de rayos X.
Tampoco estoy diciendo que los estudios de laboratorio y gabinete son malos. Al contrario, son excelentes para los diagnósticos diferenciales y descartar patologías, pero si estoy diciendo que deben ser usados racionalmente y como lo que son: sólo herramientas de apoyo, no para establecer diagnósticos. La buena clínica siempre será lo primordial.

171.11 The Lancet Student y el Costo de la Medicina en México (1)

El artículo que salió en The Lancet Student (el "hermano menor" de la importante revista médica, enfocada a la educación respecto a Medicina) titulado The cost of Medicine in Mexico es sólo un botón de muestra de lo mucho que se ha perdido o corrompido en el proceso enseñanza-aprendizaje resspecto al internado, el servicio social y las residencias (aunque éstas últimas no son mencionadas, créanme cuando les digo que los mismos problemas se pueden extrapolar sin ninguna diferencia, sólo un aumento de sueldo).

Digo botón de muestra porque se refiere a sólo unas cuantas de las muchísimas fallas "lógicas" que se pueden encontrar en el internado y el servicio.
¿Guardas de 36 horas cada 48 horas? Si, los médicos internos de pregrado tienen un horario infernal, considerando que pocas veces son las 36 horas exactas, ya que la guardia se acaba hasta que se terminan los pendientes de la misma guardia, incluídas admisiones de último minuto u operaciones de emergencia o que no te castiguen por cualquier estupidez. Incluyendo guardias sábados y domingos.

Mi pregunta: Siendo ustedes familiares de un paciente internado en hospital, o dicho paciente, ¿les agrada la idea de que sea un médico en formación, desvelado, cansado, sin haber siquiera comido o ido al baño en horas, sea el que tenga la facultad de modificar las indicaciones acerca de los medicamentos que se les administra?
No me salgan con "es que siempre hay un médico adscrito de guardia" o "sólo los residentes (los cuales están en la misma situación, pero con 2-3 años más de experiencia) pueden modificar indicaciones". Fui interno, mis compañeros fueron internos, mis adscritos fueron internos, los directores de hospitales fueron internos y todos y cada uno de ellos les puede corroborar que decisiones de este tipo a veces son, o tienen que ser, tomadas por el interno. Entre muchas otras.

Si requieren una operación, ¿les agrada la idea que entre un médico desvelado, aunque sea sólo para asistir a cirujano y el ayudante? Les recuerdo que cualquier mano que entra a una cirugía puede temblar o caer en el momento menos indicado. Usar un separador de hígado en una cirugía de vesícula biliar es un trabajo más delicado que sólo "dejar el brazo inmóvil". Un pestañeo o un bostezo en una cirugía de columna vertebral pueden dejar paralítica a una persona.
Por cierto, el asistente de la cirugía suele ser un Residente de Cirugía, los cuáles también entran desvelados y sin comer. Dos médicos en condiciones poco ideales metiéndole mano, tocando sus órganos, apretándolos y cosiéndolo (y esperemos que el Residente de Anestesiología no esté igual).

Todo esto, las mal llamadas "necesidades del servicio" (eufemismo que significa que el presupuesto fue mal manejado y no se pueden contratar más doctores, asistentes, secretarias, laboratoristas, camilleros, o siquiera un ingeniero en sistemas computacionales o el colmo, comprar computadoras, impresoras, máquinas de escribir o siquiera las tintas para cualquiera de las dos) suplen el propósito del internado: el aprendizaje en el campo hospitalario. La primera muestra del trabajo dentro del hospital como médico.

¿Qué millones de doctores han pasado por lo mismo? Si, consuelo de pendejos. Que millones lo hayan tenido que pasar no significa que esté bien, como la esclavitud o el machismo. O las violaciones.
¿Que te forma el carácter? Indudablemente. Un interno es y siempre será un héroe. Por lo menos para mí. Aún el peor de los internos merece todo mi respeto por no romperse y seguir adelante durante un año de esclavitud simulada.
¿Que el año del internado es el mejor de todos porque aprendes por rebosamiento, obtienes experiencia, recuerdos, amigos y enseñanzas valiosas? Me practicaría una orquiectomía yo mismo si no fuera así.
¿El internado, como se maneja actualmente, está bien? Ni un poco.
¿Que yo quería estudiar Medicina? Bueno, entonces no se quejen del sistema de salud en México ni del gobierno que lo regula, porque ellos se encargan de que sea así.

El aprendizaje, la experiencia, los recuerdos, los amigos y las enseñanzas también las obtiene en la guerra, en las trincheras, temblando de frío, con un cigarro en la boca, esperando el momento en que una granada u otro tipo igual de nervioso que tu te mate. El internado es una guerra, no contra las enfermedades, si no contra el sistema en sí. Sacar pacientes adelante, incluso si tienes que rodear legal o ilegalmente las reglas. Y estoy orgulloso de la calidad de los médicos y enfermeras del país, porque los administradores parecen dispuestos a dejar morir a los pacientes.

Del internado los médicos salimos cambiados: somos veteranos de guerra. Llevamos las medallas en el uniforme, los tatuajes escondidos en la bata y las heridas debajo de la piel. No en balde le dicen "El Infernado". Te cambia la percepción de muchas cosas, te cuestiona tu ética y moral, como médico y como persona. La empatía con los pacientes se modifica poco a poco. Entiendes porqué el IMSS, el ISSSTE y la SSA están tan jodidos. Dices: "yo nunca voy a ser cómo ése médico" al principio, y al final lo terminas comprendiendo y hasta imitando. Te curte para muchísimas cosas. Lamentablemente la enseñanza queda de lado, y la enseñanza es la base para la formación.

La próxima vez que estén en el hospital internados o con un paciente internado (espero que no pase, sinceramente) y vean a esos médicos sucios, desaliñados, ojerosos, que se atragantan una torta y una coca en medio del pasillo con los bolsillos repletos de muestras sanguíneas y papeles, siguiendo a otro médico y con el uniforme de quirófano saliéndose por debajo de los pantalones,, con una "beca" de 500 pesos quincenales, totalmente injustificados en correspondencia a la carga de trabajo. Piensen que es ése médico el que los está atendiendo y que es sólo un médico en formación, sin título ni cédula. Ni enseñanza. Luego pregúntense qué clase de mounstruo lo permite.

Lean el artículo. Es corto, y aunque está en inglés, es perfectamente entendible. Continuaré con ésta serie de entradas, porque todavía me falta referirme al Servicio Social, del cual tanto me he quejado.

Un enorme saludo para Emmanuel Morales Ramírez, médico, amigo, y uno de tantos que está buscando mejorar las condiciones de la formación médica. Autor del artículo y fundador de MedRebel, grupo encargado de, entre otras cosas, denunciar estos atropellos.

Les dejo una nota relacionada, por el momento. Existen muchas en la red, pero he encontrado esta que tiene menos de un año. Curioso, tampoco a mi ni a mis compañeros nos dotaron de uniformes adecuados, ni mucho menos en la cantidad estipulada. Sigo esperando los zapatos.

171.2 El uso y mal-uso de los antibióticos en México


El 25 de marzo de este año, la Secretaría de Salud anunció un proyecto para que los antibióticos sólo puedan ser vendidos con receta médica a partir de abril.

Dicho proyecto se basa en tratar de evitar la autoprescripción de este tipo de medicamentos para así detener (o dsminuir) la resistencia bacteriana a los antibióticos. Esta disposición se toma cuando la pandemia de influenza AH1N1 reveló una falla grave (entre muchas) del sistema de salud: a pesar de los comunicados de no autorrecetarse y los de no consumir antibióticos bajo ningún pretexto, la gente abarrotó las farmacias para comprar antibióticos. Esto último sólo fue el clímax de una costumbre arraigada en los mexicanos: ante enfermedades benignas, autocontenidas y sobre todo virales, tomamos antibiótico; y no sólo eso, tomamos el antibiótico que nos "recetan" nuestros familiares y/o vecinos, con el pretexto de "es que la vez que me hospitalizaron por lo mismo me dieron éste", o "esto es lo que me mandó el doctor la última vez que me enfermé de la garganta" o peor aún: "el de la farmacia, si, el que atiende, me dijo que éste era rete-bueno pa' la infección".

Lo peor de todo es que no sólo éstas personas se automedican: también le prescriben a niños y ancianos, a pacientes renales y/o inmunocomprometidos, incluso a personas que tienen enfermedades concomitantes y que no están conscientes de ello. Sin tomar en cuenta no sólo el padecimiento (que siendo sinceros, no todos pueden diagnosticar ni aplicar la clínica), ni el estado general del paciente, si no que ignorando también la dosis, indicaciones terapéuticas, contraindicaciones y a veces hasta modo de empleo. Si ajustar dosis ni tomar en cuenta algunos elementos como método de absorción y de excreción. A veces sin tomar en cuenta el mismo antibiótico, ya que se suele administrar cualquiera o el más conocido (como la ampicilina, la amikacina o la eritromicina), considerándolos incluso intercambiables.

Permítanme subirme a mi pedestal un momento: No todos son médicos. Si, existen personas capaces de hacer una búsqueda en internet, o leer el PLM y entenderlo; ésas personas son capaces de administrarse un antibiótico leve para curar una infección simple. Pero no son ni el 50%. Es más, según el artículo de Dreser, Wirtz, Corbett y Echániz, cuya lectura completa recomiendo para entender esta situación, ni siquiera el 10% de la población sabe auto-recetarse un antibiótico.

Antes de continuar, quiero aclarar algo: el Proyecto es redundante y por consiguiente innecesario. La Ley General de Salud en México establece, en su artículo 226, fracción IV, que los antibióticos son medicamentos que requieren receta.

Dicho artículo ha sido pasado por alto desde hace muchísimos años, una flagante violación a la ley que absolutamente todos hemos cometido, o que han cometido nuestras abuelitas, madres, tías, padres, tíos, primos, hermanos y personas bienintencionadas, sin duda alguna, y preocupadas por el mejoramiento rápido de un enfermo.
Aclaro esto para darle a las farmacias su carga de responsabilidad, y que no se pongan como las víctimas de éste proyecto (porque no lo son) al conocer ésta Ley y no aplicarla. En las personas lo entiendo, ya que no son personal de salud y desconocen esta disposición.

La población también mostró descontento, siendo las quejas comprensibles. Para conseguir una receta, forzosamente tendrán que recurrir a un médico, ya sea en ámbito público o privado.
En el ámbito público tenemos muchos contras: abarrotamiento de consultas de medicina general, falta de abastecimiento de medicamentos, el riesgo que corre cualquier persona al entrar en contacto con gente enferma en el medio hospitalario, pérdida de días-horas de trabajo, actitudes groseras de los prestadores de servicio; todas derivadas de la ineficiencia actual del servicio de salud. Ahora imaginémoslo con la carga extra de las personas que dejan de autorrecetarse.
Por el ámbito privado el contra de mayor peso es el dinero: una consulta particular cuesta, bastante y la gente no siempre está segura de las consultas que se encuentran en las farmacias, sea el Dr. Simi, las farmacias de genéricos intercambiables, las Torres, y un gran etcétera.

Mientras el público en general mostró su inconformidad, ocurrió un fenómeno interesante en mi timeline en Twitter: verán, tuve un intercambio con algunos usuarios respecto a este tema. De los 7 que participamos, 4 éramos médicos (bueno, 3 médicos y un estudiante de Medicina). Los 4 estábamos de acuerdo con la regulación de los antibióticos, y es el tema al que me quiero referir a continuación.

Todo medicamento es una sustancia potencialmente tóxica, no sólo los antibióticos. Incluso algo tan inocúo como el paracetamol tiene contraindicaciones, efectos adversos y dosis máxima permitida.
Los antibióticos son medicamentos diseñados para matar a otros seres vivos: las bacterias. No me pondré a hablar de cada grupo y cada clasificación, porque no terminaría en un buen rato, pero si les dejo un link a la Wiki por si les interesa entender un poco más de éstos medicamentos. (Wikipedia/Antibiótico)

Los antibióticos son armas con las que contamos los médicos. En años de estudio aprendemos a utilizar un cuadro bastante limitado de dichos medicamentos para combatir un amplio espectro de padecimientos. Aprendemos a discernir cuándo un padecimiento requiere o no antibióticos (ojo, la gripe y muchas infecciones en la garganta son virales; las diarreas suelen ser autocontenidas, ocasionadas por virus o por la morfología de algunos alimentos o los cambios de concentraciones de electrolitos antes que ser causadas por bacterias), y aprendemos a usarlos con sumo cuidado. Como ya dije, los antibióticos tienen efectos adversos. Tomemos por ejemplo uno de los más comunes: la ampicilina.

Efectos adversos de la ampicilina:
Reacciones de hipersensibilidad (parecidas a las alergias), eritema multiforme, dermatitis exfoliativa, rash, necrolisis epidérmica tóxica, síndrome de Stevens-Johnson (busquen imágenes de éste), vasculitis y urticaria, náusea, vómito, diarrea, gastritis y dolor abdominal, cefalea, agitación, insomnio, confusión (aunque éstas últimas son raras), trombocitopenia, púrpura trombocitopénica, neutropenia y leucopenia.

Siguiendo con el ejemplo: la gente no suele saber con certeza cuál medicamento se parece a cuál, dependiendo de su grupo. La ampicilina es un medicamento derivado de la penicilina, lo que quiere decir que si tomando alguna penicilina tuviste un efecto adverso, es muy probable que tomando ampicilina presentes lo mismo. Y continúa, ya que otros medicamentos contienen elementos similares, por ejemplo los llamados beta-lactámicos, como las cefalosporinas (ceftriaxona, cefaclor, cefaletina, cefepime y un largo etcétera) lo que a su vez significa que, siendo intolerante a la ampicilina, también eres intolerante a estos medicamentos similares.

¿Cuáles son las indicaciones de la ampicilina?, ¿a cuáles organismos ataca?, ¿es efectiva contra la pseudomona, la e. coli, el haemophilus influenzae, enterococos, bacilos, gram-positivos, gram-negativos, anaerobios?, ¿funciona en infecciones de vías respiratorias, en infecciones gastroenterológicas, en infecciones renales?,¿cuáles organismos producen infección en cada órgano y sistema?, ¿se le puede dar a embarazadas, a niños, a pacientes renales?

¿Conoce la gente éstas respuestas o sólo toma la ampicilina por tomar algo?
Y éste es sólo uno de los antibióticos que existe.

A lo que me lleva: ¿sabe siquiera la gente cuándo puede sospechar de una infección?, ¿toda diarrea significa que tiene infección, todo cuadro de fiebre?, ¿el dolor al orinar sólo se da en infecciones de vías urinarias?, ¿la confusión significa meningitis?
¿Saben cuándo los niños pequeños se quejan de dolor o de malestar general?

De forma anecdótica, que poco tiene que ver con argumentos, puedo decir que en mi servicio social me topé con gente que le administraba inyecciones a dosis completa de amikacina a niños menores de cinco años durante 3 o 4 días por una supuesta infección de vías urinarias, sin comprobación clínica ni de laboratorio. Para no culpar solo a esas familias, también puedo decir que algunos de esos casos afirmaron que ése era el medicamento que les había sido recetado por otro médico aunque no me mostraban las recetas. La amikacina es potencialmente ototóxica, nefrotóxia y neurotóxica.

Si uno como médico, teniendo algo de experiencia y horas de aprendizaje teórico, tiene problemas para diagnosticar y otorgar tratamiento, me imagino como debe (o debería) ser para la gente sin entrenamiento médico.

Dato importante (porque también tenemos responsabilidad): también los médicos sobre-recetan antibióticos, sin tener la justificación clínica o la sospecha. A veces lo hacemos, si, porque un paciente insiste en tomar algo y sacárnoslo de encima, a veces por desconocer el diagnóstico y preferimos "probar" con los antibióticos "para ver si pega". A veces otorgamos dos o más, cuando con uno sólo la infección podría curarse. A veces, por desconocimiento, otorgamos antibióticos similares, cuyos efectos, en vez de potenciarse, quedan limitados. Me incluyo, porque me es imposible decir que yo no lo haré o que no lo he hecho. Sólo puedo asegurar que trataré de no hacerlo.

Otra anécdota de mi servicio social: durante la pandemia de influenza, nos llegaron cantidades masivas de ampicilina, a pesar de que no estaba indicada para ése padecimiento. Carecíamos de antipiréticos, pero si teníamos el antibiótico que la población demandaba.

¿A qué lleva ésta mala administración antimicrobiana? Resistencia bacteriana, uno de los enemigos más grandes del médico, y un verdadero dolor de cabeza para el paciente internado en un área de hospitalización.
Así como nosotros tenemos un sistema inmune que es capaz de "acordarse" de algunos patógenos con los que hemos estado en contacto (de ahí proviene la eficacia de las vacunas), también las bacterias cuentan con la capacidad de integrar a su ADN fragmentos de las sustancias con las que su membrana ha estado en contacto. Digamos que una persona (y esto sucede seguido) se enferma de la garganta, diagnosticando faringitis y le recetan (o se autoreceta) penicilina. La prescripción es por 10 días, tomando X cantidad de pastillas cada Y horas. Pero, y como suele pasar, al cuarto día el paciente se siente mejor, y para el séptimo, ya ha dejado de tomar el medicamento porque siente ya se curó. ¿Qué sucede? Que existen patógenos que sobrevivieron al bombardeo, por así decirlo. Maltrechos, heridos, pero vivos, y con la nueva información en su membrana de cómo actúa la penicilina. Éstos sobreviviente se hacen más fuertes, vuelven a infectar la garganta y la segunda vez que se tome penicilina, ésta será menos efectiva.

Si esto se limitara a cada grupo de bacterias, no habría problema, pero las bacterias tienen algo llamado "transferencia horizontal" es decir, la trasmisión de información genética, a través de sus plásmidos, a otros individuos no descendientes. Si una sola bacteria obtiene resistencia a la penicilina, las bacterias con las que entre en contacto también la pueden obtener, y el paciente tendrá una colonia de bacterias resistentes a uno de los antibióticos más comunes.

El paciente estornuda, escupe, trasmite a su vez estas bacterias resistentes, y con un poco de mala suerte, su familia y gente con la que esté en contacto estará en riesgo de adquirirlas. Se cambia de antibiótico, no se apega al tratamiento y tenemos bacterias resistentes a dos antibióticos, y así ad infinitum.

¿Qué sucede cuando se terminan las opciones baratas? Se recurre a antibióticos más fuertes, con mayor cantidad de contraindicaciones, efectos adversos y más caros. Si un paciente tiene dificultades para pagar una consulta de 500 pesos, tendrá más dificultades para pagar 3 cajas de un antibiótico inyectable que cuesta 500 por caja.

En pacientes hospitalizados, cuyo riesgo de infecciones es mayor, podremos imaginar que el mal manejo de los antibióticos pueden desencadenar verdaderas crisis, tanto en salud como en la administración hospitalaria. Siendo sinceros, si actualmente los hospitales no cuentan con fondos suficientes (multitud de motivos, malos manejos los principales), no quieren pagarle a más médicos para cubrir la demanda, ¿pagarán los nuevos antibióticos necesario?

¿Porqué encarecer aún más los productos, si con una posología adecuada y apego al tratamiento la mayor parte de las infecciones remiten?
El uso de los antibióticos es un asunto serio, cuya responsabilidad, como la marca la ley, corresponde a los médicos.
En vez de culpar al proyecto de abarrotar de consultas el ya de por si abarrotado sistema de salud, ¿porqué no mejor exigir al gobierno que otorgue los servicio médicos de calidad que por ley son derecho de los mexicanos?
Más médicos, más consultorios de medicina general, más hospitales, más medicamentos.

Sobre todo y lo más importante: más educación a la población en este tipo de asuntos. La educación es la clave de la cultura de prevención de la que tanto prescindimos.

Estos son los motivos por los cuales estoy de acuerdo con el proyecto y porqué considero que observar esta ley es lo que queda por hacer. Por lo menos, los motivos que tengo ahora, de acuerdo a mi formación. Trato de entender la situación de los usuarios del sistema de salud, y no me queda más que compadecerlos: está mal planeado, mal ejecutado y da malos resultados, y los principales perjudicados son los mismos usuarios.

Antes de acabar, quiero recordarles algo: estas leyes y proyectos no los hacen los médicos en sí, si no los administrativos. Algunos de ellos son o fueron médicos, si, pero su función ahora es administrativa; mientras que los médicos son los que están dando la cara en los consultorios y hospitales. Acusar a los médicos de éstas disposiciones, qué también tienen que acatar, es tomar el camino fácil y errado. Mejor acusar a los que están por encima de ésos médicos, o como solía decir mi Jefe de Enseñanza: la casa se empieza a barrer desde arriba.

171.1 Algunas anécdotas de los médicos árabes de la Edad Media

Historia y Filosofía de la Medicina fue mi materia preferida en la Facultad. Si, y no me da vergüenza admitirlo. La gente (sobre todos los estudiantes) suelen dejarla a un lado, ¿a quién le interesa saber sobre métodos barbáricos de curación, cirugías sépticas y herbolaria en vez de farmacología?.
Los más vivaces podrán encontrar el origen de los cirujanos modernos en los médicos barberos, el principio de la química en la alquimia y los destellos de genialidad en aquéllos antiguos cuidadores (señores, la palabra "médico" proviene de "medere" = cuidar, el médico no es el que cura, si no el que cuida. O como diría Ambroise Paré, el Padre de la Cirugía Moderna "yo sólo lo vendé, Dios lo curó") que le han dado forma, cual martillo sobre el acero, al monumento llamado Medicina.

Dentro de los estudios de la Historia de la Medicina, mención aparte merecen los médicos árabes. Fuera de escribir un relato acerca del desarrollo médico en el núcleo del Islam, me remitiré a escribir algunas anécdotas y vivencias de los más representativos médicos árabes, recalcando su amplio conocimiento a pesar de las obvias limitantes de la época.

De Avicena: "El médico ignorante es el esbirro de la muerte".

Una misteriosa enfermedad afligía a un joven. Se encontraba abatido y apático hasta el extremo de que nadie podía ayudarle. Avicena se sentó con él, le tomó el pulso y le hizo algunas preguntas. Se citaron varias ciudades de los alrededores, y una de ellas hizo que el pulso del sujeto se acelerase súbitamente. Siguieron nuevas preguntas y, cuando se nombró una calle determinada, el pulso volvió a acelerarse. Se preparó una relación de quienes vivían en la calle, y el pulso del joven se aceleró ante la mención de una joven. Se hizo venir a ésta, y el hombre curó el momento. Al relatar ésta anécdota, el historiasdor Harvey Graham señala que el moderno detector de mentiras se basa en el mismo principio, ya que registra las variaciones que la presión arterial y el pulso experimentan durante el interrogatorio.

El tratamiento de las hemorragias arteriales según Albucasis:

En tal caso, coloca con presteza el dedo índice en el punto de la hemorragia y aprieta hasta que la sangre deje de salir. Calienta varios cauterios con la punta en forma de aceituna. Elige uno de ellos con arreglo al tamaño del vaso y aplícalo a éste en cuanto retires el dedo, manteniéndolo hasta que la sangre deje de fluir.
Ten cuidado al quemar para no dañar nervios cercanos, porque ello causaría más dolor al paciente.
Recuerda que sólo hat cuatro formas de cortar una hemorragia arterial, en especial si interesa a un gran vaso: quemarla, como a se ha descrito; dividirla, si no se ha perdido por completo, porque los extremos se cierran y cortan la hemorragia; mediante una ligadura fuerte; y aplicando remedios que corten la sangre combinados con un vendaje de presión.
Pero quienes traten de cortar hemorragias graves con vendas, compresas, sosa cáustica o cualquier otro médoto, no obtendrán resultados nunca o casi nunca.

Sobre el arte de la medicina, Djabril:

Relata la siguiente anécdota el historiador Arthur Christensen en su obra sobre Hipócrates: "¿Qué sabes de medicina?", preguntó Harun al Rachid a su médico Djabril, y éste le respondió: "Sé enfriar lo caliente y calentar lo frío, humedecer lo seco y secar lo húmedo". El califa contestó, sonriendo: "Esto es todo lo que puede pedirse al arte de curar".

De Moises Maimónides: "Reparad en que creéis en la astrología y en la influencia de los planetas sobre el destino humano. Debéis renunciar a semejantes ideas y lavaros la mente como quien lava ropa sucia. Los científicos con experiencia se niegan a admitir ni una sola palabra de este saber. La evidencia irrefutable basada en hechos racionales desautoriza sus afirmaciones."

Podemos maravillarnos de la ciencia moderna, pero en una época donde el campo de batalla era el quirófano, donde la esperanza de vida no era mayor de 40 años, donde una epidemia podía acabar con la mitad de la población en Europa, África y Asia e incluso sugerir la no-existencia de una mano divina detrás de cada enfermedad era condenado con la muerte, algunos verdaderos médicos se encargaron de mantener viva la llama de la ciencia y el arte de la Medicina, sin comprometer sus propios ideales.

(Fragmentos tomados de Historia de la Cirugía, Knut Haeger, Editorial Corporativo Intermédica)

170.9 La interpretación del Juramento Hipocrático


Existe un momento verdaderamente clásico en la vida profesional de todo médico: la primera vez que un paciente, casi siempre un quejoso o un familiar inconforme, te avienta el Juramento Hipocrático en la cara.

"Es que tu hiciste un juramento que te obliga a darme un medicamento para el dolor"
"El Juramento de Hipócrates dice que tienes que atender gratis a la gente"
"Es que no estás cumpliendo tu juramento al tardarte en curar las úlceras de mi paciente"
"Es que son las once de la noche y no se encuentra el hematólogo, no está cumpliendo su juramento"
"Es que si no está el urólogo quién le va a poner la sonda a mi enfermo, porque tiene horas sin orinar y ya le molesta"

Esta pequeña muestra son cosas que escuché en el internado. Una me la dijeron a mi, las otras a otros tantos compañeros. Todas muestran que la gente está mal informada respecto a qué dice dicho Juramento y la idealización que se hace sobre el mismo y sobre la idea misma de qué clase de persona un médico deberia de ser. Creen que el Juramento Hipocrático habla sobre la moralidad del médico, que nos regula en cosas tan abstractas como "vocación de servir a los demás", "sentir empatía por el sufrimiento de los pacientes", o cosas tan irreales como "atender cualquier padecimiento a la hora que sea", "enseñarles inglés y computación a las personas de la comunidad donde estás haciendo el Servicio Social porque tienes que mejorar las condiciones de vida de las personas a tu cargo", lo cual es totalmente erróneo.

El Juramento Hipocrático asienta las bases de la ética médica, estipulando una serie de lineamientos sobre la conducta que el médico debe seguir con otros médicos, con sus alumnos y con sus pacientes. Y sobre estos últimos hace aclaraciones importantes en temas eternos y debatidos en la actualidad como el aborto, la eutanasia y el secreto profesional.

Transcribo el Juramento, parte por parte, para intercalar comentarios propios:

Por Apolo médico y Esculapio, juro: por Higias, Panacace y todos los dioses y diosas a quienes pongo por testigos de la observancia de este voto, que me obligo a cumplir lo que ofrezco con todas mis fuerzas y voluntad.

De entrada, se jura por dioses griegos: Apolo, Dios de la medicina, la verdad y la curación. Esculapio, hijo de Apolo y también dios de la medicina. Higias, de quien deriva el término "higiene" y Panacace o Panacea, "la que lo cura todo". Se entiende al nombrar a éstas últimas las bases de la medicina: higiene y curación, o más bien, prevención y tratamiento.

Tributaré a mi maestro de Medicina igual respeto que a los autores de mis días, partiendo con ellos mi fortuna y socorriéndoles en caso necesario; trataré a sus hijos como mis hermanos, y si quisieran aprender la ciencia, se las enseñaré desinteresadamente y sin otro género de recompensa.

Responsabilidad con los médicos que nos enseñan: Respeto y apoyo, tanto a ellos como a sus hijos. Este enunciado, junto con el que sigue, también dan pauta para una ley no escrita: el apoyo que los médicos, como gremio por así decirlo, se otorgan entre ellos. Por lo regular los médicos no tienen un sindicato por ser médicos. Tal vez por ser trabajadores en alguna institución, pero por el simple hecho de ser médico, no. Sin embargo, y me ha tocado en muchísimas ocasiones, cuando he tenido necesidad de un diagnóstico o un tratamiento y me he acercado con un médico que conozco de la Facultad casi siempre lo recibo, y con descuento a los honorarios y hasta de forma gratuita. El último caso que puedo dar es la resección de un par de fibromas que tenía en una axila y ya me estaban ocasionando molestias. No me sorprendería que otros compañeros hayan estado en situaciones similares.
También habla de una cuestión importante: no les cobraré a los hijos de otros médicos que estén aprendiendo Medicina por mis enseñanzas.

Instruiré con preceptos, lecciones habladas y demás métodos de enseñanza a mis hijos, a los de mis maestros y a los discípulos que me sigan bajo el convenio y juramento que determinan la la ley médica y a nadie más.

La instrucción es base fundamental en la enseñanza médica. Aquí se hace referencia ya no sólo a los hijos del médico, si no de otros discípulos que nos sigan. A todos los que tienen el interés de aprender Medicina. E incluso hace referencia a cierto secretismo, en lo que se refiere a enseñarle medicina a personas que no sean nuestros "discípulos".

Fijaré el régimen de los enfermos del modo que le sea más conveniente, según mis facultades y mi conocimiento, evitando todo mal e injusticia.

Punto importante, primera referencia a los pacientes y primera aclaración: "fijaré el régimen [...] del modo que le sea más conveniente". Por "régimen" se entiende no sólo el tratamiendo médico, si no también las indicaciones generales (hábitos higiénicos, alimenticios, hacinamiento, ejercicio, cuidados específicos) y por "conveniente" no se refiere a lo más rápido, lo más fácil o lo más barato, si no que debe ser aquellos que sé puede mejorar el padecimiento de forma efectiva y definitiva de ser posible, o mejorar la llamada "calidad de vida" de la persona.

No me avendré a pretensiones que afecten a la administración de venenos, ni persuadiré a persona alguna con sugestiones de esa especie; me abstendré igualmente de suministrar a mujeres embarazadas pesarios o abortivos.

Eutanasia y aborto, dos temas que se han discutido desde siempre. Tampoco hay que dejar de mencionar algo sumamente importante: estos puntos eran válidos en la época en la que vivió Hipócrates. Fundamentalmente, y debido a la ley existente, aún son válidos, pero quedará en la sociedad determinar hasta cuando. Usar el Juramento Hipocrático como autoridad para estar en contra de estos asuntos es una irresponsabilidad.

Mi vida la pasaré y ejerceré mi profesión con inocencia y pureza.

Este punto habla por si mismo.

No practicaré la talla, dejando esa operación y otras a los especialistas que se dedican a practicarla ordinariamente.

La "talla" se refiere a la talla suprepúbica, es decir, el drenaje de la vejiga a través de la pared abdominal cuando los conductos urinarios están obstruídos. Aquí el Juramento se refiere a dejar que cada especialidad haga lo que le corresponda, sin meternos en asuntos que, aunque podríamos manejarlos nosotros, nos podrían meter en un lío si salen mal. Por eso de tantas interconsultas "innecesarias" por cosas sencillas como tos, glucosa elevada y demás.

Cuando entre en una casa no llevaré otro propósito que el bien y la salud de los enfermos, cuidando mucho de no cometer intencionalmente faltas injuriosas o acciones corruptoras y evitando principalmente la seducción de las mujeres jóvenes, libres o esclavas. Guardaré reserva acerca de lo que oiga o vea en la sociedad y no será preciso que se divulgue, sea o no del dominio de mi profesión, considerando el ser discreto como un deber en semejantes casos.

Ética y secreto profesional: enfocarnos en tratar al paciente sin faltarle el respeto a su familia u hogar, no utilizar nuestra posición para seducir mujeres (u hombres, ya también aplica), cuidar lo que decimos, ser confidente del paciente y no divulgar los secretos que se nos confían. Pero hay que recordar que esto aplica en nuestro criterio: Por poner un ejemplo, si tenemos un paciente al que diagnosticamos con VIH, aunque el paciente nos solicite no divulgarlo, debemos avisar en la nota médica, así como al personal que toma las muestras a dicho paciente, así como a familiares para que se realicen las pruebas necesarias y demás personal que esté en contacto con la persona. Lo que solicita el Juramento es "discreción", no a costa de la seguridad de los demás.

Si observo con fidelidad mi juramento, séame concedido gozar felizmente mi vida y mi profesión, honrado siempre entre los hombres; si lo quebranto y soy perjuro, caiga sobre mí, la suerte adversa.

Y aquí acaba, sin mención del dinero, de los deberes hacia el gobierno, de la disposición, de la vocación del médico ni demás desviaciones.

Colegas: la próxima vez que alguien les trate de restregar el Juramento Hipocrático en la cara, por favor recuerden lo que éste dice, así podrán responder una de las groserías más grandes que un paciente le puede decir a un médico.